Esto era un sueño, un primer trabajo y una nueva vida. Una crêpe de chocolate ante una sonrisa azul que escucha una melodía envolvente mientras se pierde románticamente por las calles y entre las páginas de cualquier libro...

lunes, 18 de agosto de 2014

Sans frontières



"Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política."


Lo mataron por llamarse Federico, dijo Alberti.

Lo mataron por decir abiertamente lo que pensaba en una España convulsa, dividida entre dos bandos patrióticos hasta la médula, a su manera, y sin embargo irreconciliables.

Lo mataron por puro sadismo e ignorancia, por esa creencia infame de nuestra época que promulga que acabar con las personas es la mejor manera de acabar con el "problema".

Lo mataron por su inocencia, por su deseo de reunirse con su familia en las fiestas, por su rebosante sinceridad, por la confianza que depositó hasta el final en la humanidad de sus congéneres, por no sentirse parte de aquella guerra entre hermanos.





jueves, 31 de julio de 2014

Bretagne : Côtes d'Armor



Paris - Pléneuf - Lourtuais - Erquy - Le petit Saint Michel - Lancieux - Saint Malo - Rennes

Petit week end escapade vers les Côtes d'Armor, Bretagne. 
Siempre Bretagne.

Lejos del cemento y del bullicio, bajo un sorprendente cielo de mil azules y un vívido horizonte inabarcable de vida.
Con una compañía deliciosa e intrépida, y un guía excepcional. 


Unas playas semidespobladas, un encanto preservado por una colina verdescente, como la de Lourtuais.
Un agua que revive los sentidos, que despierta y espabila como sólo sabe hacerlo el Atlánticos. Un viento, ese Noroît, que sabe como nadie despeinar el cabello y amainar los espíritus inquietos. Que sabe agitar los océanos y hacer del vaivén de las olas un juego sin fin, un remanso de paz contenido en su movimiento eterno.

Anochecer y una cena en un marco incomparable, el del petit Saint-Michel. Una sencilla ermita en una colina sólo accesible en marea baja. Un pequeño Saint-Michel que no tiene nada que envidiar al grande ahogado entre turistas y comercios. Una armonía simplicista de sosegada belleza, un rincón de esperanza.


Unas auténticas crêpes bretonas deliciosas, un insuperable helado de caramel beurre salé. No se conoce el verdadero sabor del caramelo o de la mantequilla si no se ha probado el de Bretaña, con su inconfudible sabor salado, sabor a mar.

Amanecer con un capuccino de los que abren los ojos en el puerto medieval de Dahouët con sus casas de piedra, los pescadores desenmarañando sus redes, su sencillo faro apostado sobre las aguas turquesas, su olor a brea.


Après-midi en la playa de Lancieux. Marea baja y todo un paraíso de arena mojada y de finas capas de agua que se van acercando paulatinamente en cada vaivén de las olas. Alternar las palas de playa con el jugar en la orilla con las caracolillas y los cangrejos diminutos como los niños chicos. Llevar un libro y no abrirlo porque el mar, el horizonte o el rummy son más que suficientes.

Retour a la civilización suavizando el impacto con paradas en Saint Malo y Rennes. La capital de Bretagne se desvela pacífica y tranquila, lejos de Saint-Anne y la rue de la soif parece que sólo nosotros levantamos el alboroto sobre sus calles empedradas.






martes, 15 de julio de 2014

Un 14 de juillet




Un 14 de julio había que pasarlo en París, al menos una vez.

Tratando de sobrellevar el baño de multitudes en los Champs de Mars de la mejor manera posible, con la Orquestra Nacional de Francia amansando las masas.



Y disfrutar de los grandes temas de Berlioz, Wagner, Puccini o del gran Verdi y su declaración de amor, el pur ti riveggo mia dolce Aida, de Radamès al atardecer, bajo un cielo azul a los pies de la torre Eiffel.

Unas melodías capaces de hacer olvidar la fatiga y la muchedumbre sedienta de espectáculo aglutinada frente a la pantalla. 


Una cadencia envolvente de notas armoniosas elevadas hacia el ocaso...

Y para clôturer el concierto, la magnífica Obertura 1812 de Tchaikovsky prepara la escena para los fuegos desde la torre Eiffel, la cual, incandescente y vestida de patriotismo auna las luces y las estampidas de las explosiones al son de la música.



Y, por supuesto, la Marseillaise como colofón de los fuegos artificiales. 




sábado, 21 de junio de 2014

Israel & Palestine


Improvisado viaje de placer camuflado con trabajo.

Comenzando el periplo en Beersheva, una ciudad del sur de Israel donde tenía lugar el training de la empresa. Unas de las ciudades más antiguas del país que data de la época bíblica, aunque también una de las más modernizadas: apenas se distinguen los vestigios de su pasado. Cerca de ella se encuentra Tell Beerseba, uno de los tres tells bíblicos junto con Megido y Jasor.  Tell significa colina, y se utiliza para designar un yacimiento arqueológico en el Próximo Oriente.

Pese a estar advertidos de que en Beersheva no había "nada", no hay nada como buscar y encontrar. Y disfrutar de unas soirées multiculturales espóntaneas y variadas.
Y es que el grupo no podía ser más heterogéneo: español, francés, filipino, mexicano, indio, americano, ruso eran las nacionalidades que había reunido la empresa en Beersheva.

Y escaparnos para ver nochecer en las afueras de Beersheva, con el sol desgranando tonalidades de rojo entre sus colinas desérticas. Improvisar restaurantes, una partida de bolos, encontrarnos con una fiesta en una especie de jardín cubierto o un concierto al aire libre un martes por la noche.

Sin querer o queriéndolo, acabamos llenando la agenda. Pero si tengo que recomendar un sitio, que sea el restaurante-bar BarBaSaba. Por su inmensa terraza iluminada, sus sofás estilo lounge a lo largo de casa mesa, su buena música y sus cervezas caseras. Por su decoración lunática y uniforme de luces y colores con unas paredes recubiertas de velas, o de antiguas casettes de vídeo y audio que empezamos a olvidar haber visto alguna vez, o de cámaras de fotos, móviles y cualquier cachivache tecnológico como placas base y ventiladores.



Pasar de hotel a un albergue juvenil. De dormir en una cama matrimonial a una colchoneta en una tienda de campaña lejos de todo glamour y confort en la azotea de una especie de nave industrial en el Overstay de Tel Aviv.




Tel Aviv (en hebreo, "la colina de primavera") es puro modernismo, pero aquí en el barrio antiguo de "Jaffa" aún se conserva algo de magia. Sus estrechas callejuelas de piedra ascienden hasta el parque de HaPisga, que junto a un teatro posee una de las mejores vistas de la ciudad, y sobre todo de la costa. La mezquita de Al Bahr, también conocida como la "mezquita del mar", domina la ciudadela y se codea con la iglesia armenia de San Nicolás.


Recorrer en una bici sin frenos y destartalada y atravesar la ciudad por todo el paseo marítimo, bien acondicionado con un amplio carril bici, sin perder de vista el mar. Y degustar un menú típico en el Goldman frente a la playa y el sol coronando el horizonte.



La magia que le falta a la moderna Tel Aviv perdura todavía en Jerusalén, con sus callejuelas estrechas y sus muros colmados de historias.
Lo mejor, el atardecer desde el último piso del Hospicio Austríaco, un edificio emblemático situado en el corazón de Jerusalén, sobre la Vía Dolorosa y que data de la época de las cruzadas.
Desde su terraza, mezquita, iglesia y sinagoga comparten beatíficamente por igual la ciudad.




Atravesar de sur a norte ese archiconocido lago endorreico, el Mar Muerto, recorriendo con el coche los 80 km de esa magnífica depresión de agua salada estancada. Sin embargo, su rico contenido en potasio, bromuro, yeso, sal y otro productos químicos es también su perdición, pues para su extracción es necesario evaporar artificialmente el agua.

Sentir en nuestra propia piel por qué Masada fue una ciudad fortaleza inexpugnable. Durante la primera guerra judeo-romana, la ciudad fue asediada por las tropas del Imperio Romano, sin escapatoria posible y ante la derrota inminente, los habitantes de Masada se quitaron la vida. A partir de ese momento, fue utilizada como bastión de refuerzo de las tropas romanas en Judea, posteriormente abandonada, retomada como refugio de monjes bizantinos (un bosquejo de los mosaicos de los que fue su ermita se conserva todavía) y abandonada de nuevo durante la época de las cruzadas.

Acceder a su cima coronada de palacios y fortificaciones derruidas no es nada fácil. Un angosto sendero, el "camino de la serpiente", excavado en la roca, zigzaguea la ladera de la colina a lo largo de más de 5km, protegiendo Masada con su afilada pendiente de cualquier asalto. 

La alternativa a más de una hora de caminata bajo el sol implacable, el teleférico. La vista desde lo alto, desde lo que queda de los muros y torreones decrépitos de la antigua fortaleza no tiene parangón: el desierto de Judea y el Mar Muerto en toda su extensión, con las brumas de la evaporación de todos sus sulfatos difuminando el contorno de la vecina tierra jordana.



Continuar el recorrido con una parada turística obligatoria en la famosa Mineral Beach donde una zambullida se hacía imprescindible. Un baño salado contemplando las colinas de Jordania que bordean el Mar Muerto. Y si, la sensación de flote es increíble. Y si, la lucha consiste en estar de pie, más bien, estar lo más derecho posible. Y si, llévaos un libro, no ha habido nunca butaca más cómodamente etérea.


Sin olvidar el tradicional baño de barro a libre disposición en enormes toneles junto a la orilla. Si cubrirse de barro puede ser todo un juego, dicen que además estimula la circulación y renueva las células de la piel.

La sonrisa se tuerce en la parte norte del Mar Muerto, la franja de Cisjordania, también conocida como el West Bank, donde las alambradas y los escombros de viviendas resaltan la amargura y el sufrimiento de esa tierra.

Diez días de viaje y de paz aparente, esquivando un conflicto de más de sesenta años sin por ello dejar de escuchar los testimonios de ambas partes. Sentir que una gran mayoría solo ansía la paz, y nada más que la paz.

La víspera del retorno, habiendo retrasado el vuelo de vuelta a París al máximo con ese afán de descubrir, de experimentar y de romper con la rutina sin dejar de aprovechar cada oportunidad que ésta nos proporciona.

Después de un último anochecer frente al mar desde el paseo de Homat Hayam, picoteo de humus en el rooftop del albergue mientras el ocaso se lleva consigo las últimas luces del día. La brisa marina sacude los toldos y sofoca el calor de la jornada.
Los hippies trotamundos que me rodean se cuentan su vida de aventuras mientras comparten una cachimba. Yo desconecto de todo y me imagino uno de ellos por un momento, por unas horas.



Y es que siempre es bonito volver y disfrutar de la rutina.



domingo, 15 de junio de 2014

Un baiser, qu'est-ce ?


Unos versos cautivadores, un deseo inalcanzable, relegado a ocultarse tras las palabras.


"¿Qué es un beso?
Hablábamos de un beso
La palabra es dulce
En realidad un beso ¿qué expresa?
Un juramento cercano
Una promesa sellada
Un amor que se quiere confirmar
Un acento invisible sobre el verbo amar
Un secreto que confunde la boca con las orejas
Un instante infinito, un murmullo de abejas
Un sabor dulcísimo, una comunión
Una nueva forma de abrir el corazón
De circuncidar el borde de los labios
Hasta llegar al alma".


Un amor desgraciado, incompleto, donde alma y belleza se encuentran completamente separados. Donde el amor, por una vez, no es ciego, sino que se mueve con los ojos bien abiertos y el oído aguzado.

Un amor sentido en el que, de nuevo, la vista se convierte en el mayor engaño, pues eclipsa al verdadero portador de tanto sentimiento convertido en palabras, cartas, susurros y promesas, siempre enmascarando su rostro.

Una puesta en escena fuera de lo común en el teatro Odéon, donde cordura y locura se entremezclan en esa absurda idiosincrasia de la existencia humana intrínseca a todos nosotros.


Ah ! si loin des carquois, des torches et des flèches,
On se sauvait un peu vers des choses... plus fraîches !
Au lieu de boire goutte à goutte, en un mignon
Dé à coudre d'or fin, l'eau fade du Lignon,
Si l'on tentait de voir comment l'âme s'abreuve
En buvant largement à même le grand fleuve !


Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand




miércoles, 21 de mayo de 2014

Glorieuse Athènes




La gloria de Atenas y su espléndido pasado todavía se deja entrever entre los numerosos vestigios griegos, romanos, turcos... También fueron caballeros franceses, italianos, aragoneses y sicilianos los que ocuparon la ciudad en diversos momentos, contribuyendo todos y cada uno de ellos a su heteroéneo legado.

De sus más de 3000 años de historia destaca, sin duda, su vieja gloria por excelencia, la Acrópolis. Su acertado nombre procede de las palabras griegas "akros" elevado y "polis" ciudad, pues la Acrópolis se encuentra en lo alto de una colina erigida en medio de Atenas, portando en su cima toda la magia de su historia antigua. Desde su cumbre se divisa una buena parte de la costa y las tierras de la vasta provincia de Ática.

La ladera de la Acrópolis la pueblan los barrios de Plaka y Monastiraki, en pleno centro de Atenas. Un sinfín de casas de colores pastel que recuerdan a aquellas de Estambul bordeando el Bósforo ornamentan sus callejuelas, entre restaurantes, comercios, grandes patios y cuidados jardines. Y entre Plaka y la Acrópolis, subir por las calles empinadas un paseo por el barrio Anafiótika con sus pequeñas y sencillas casas blanca apiladas en la ladera al estilo de las islas cicladas.

Y en lo alto de la Acrópolis, su joya más preciada. El partenón se eleva, majestuoso, hacia el cielo azul. Desde allí, la vista de las columnas de mármol elevadas por el encima de la Atenas moderna, su vegetación mediterrànea de arbustos y olivos, y el mar atracando en el puerto de Pireas es impresionante. Dos mil quinientos años llevan esas columnas sosteniendo lo que queda de la morada de la diosa Atenea, protectora de Atenas.


Y es que lo que queda es aquello que no fue trasladado al museo de la Acrópolis a modo de protección de las inclemencias del tiempo o, por desgracia para los griegos, desvalijado. Guerras e invasiones a lo largo de los siglos arrasaron con todo objeto de valor, entre ellos una soberbia estatua de Atenea de oro macizo de la que cuentan fue fundida como botín. A principios del siglo XIX, durante la dominación turca de Atenas, y como agradecimiento por su apoyo contra los franceses en Egipto, el imperio otomano regaló a Inglaterra la mitad de los ornamentos del Partenón: doce estatuas, una cariátide y el friso que se alzaba sobre sus columnas. Ni la diplomacia ni el "derecho a la tierra" han conseguido, de momento, devolver nada a Atenas.

Frente al Partenón se encuentra el templo de Erecterion, famoso por su balaustrada de cariátides desafiando estoicamente las inclemencias del tiempo y la rapiña.




Descendiendo la ladera de la Acrópolis, siguiendo las ruinas de piedra esparcidas por doquier, se llega al Agora antigua, el centro de toda la actividad política, administrativa y comercial de la griega Atenas. Solo se conservan los cimientos de los edificios, y es ahí cuando la imaginación toma el relevo.


Lejos del centro, la ciudad se la disputan unos edificios modernos, bloques de cemento de grandes ventanas y poco glamour, salpicados de lo que otrora fue una majestuosa casa de estilo colonial de la época de la dominación turca, y de la que ahora solo quedan sus majestuosas ruinas. Las calles llanas son escasas y abundan las cuestas empinadas y las numerosas cajas de aire acondicionado en cada balcón. Las iglesias ortodoxas rezuman de adornos hasta la saturación, vidrieras de colores y doradas imágenes icónicas.

La historia se entremezcla con la mitología hasta quedar completamente unidas.

Saborear esos momentos únicos entre las ruinas de lo antiguo y lo moderno. Cenar a los pies de la Acrópolis, bajo la tenue luz de sus focos, las velas y las estrellas. Disfrutar del calor de la tarde en la terraza del Fresh hotel o del lento anochecer desde la terraza del Restaurante-Coktail Bar "360°" situado en un último piso, elevado sobre Plaka y la Acrópolis. Perderse por las calles y sobre todo las callejuelas de Monastiraki a la caza y captura de terrazas y conciertos. De pitas y Mithos durante el día, y de Mithos, Backgammons y conciertos al caer la noche.


Desde Pireas hasta Voula. Bordeando la costa con el tranvía descubriendo playas, calas, pequeños pueblecillos olvidados del trajín de la ciudad y del turismo. 




Sencillez y dejadez en lo que fue una de las ciudades estado más poderosas del mundo antiguo.






Desde Voula, y para rematar la costa oeste de Ática que da al mar Egeo, continuar la ruta hasta e
l parque nacional del cabo Sounion, frente a la isla de Makronisos, y ver cómo al anochecer los últimos rayos del sol perfilan la silueta del templo de Poseidón situado en uno de los más altos acantilados del cabo.




Cuenta la leyenda que el héroe Teseo, hijo del rey Egeo, había prometido a su padre informar de su victoria con el Minotauro de la isla de Creta izando velas blancas en el barco de regreso. Si, por el contrario, era derrotado, el barco izaría velas negras. Mas quiso la fatalidad que Teseo, victorioso y apresurado por regresar a casa, olvidara izar las velas blancas. El rey Egeo, al ver llegar el barco de su hijo con velas negras, preso de dolor, se arrojó desde lo alto del precipicio al mar. En su honor y en su recuerdo, se denominó Mar Egeo, y en señal de respeto y adoración se le construyó un templo al dios del mar, Poseidón.





Place me on Sunium's marbled steep, 
Where nothing, save the waves and I
May hear our mutual murmurs sweep;
There, swan-like, let me sing and die: 
A land of slaves shall ne'er be mine— 
Dash down yon cup of Samian wine!

Lord Byron (1788–1824)





lunes, 5 de mayo de 2014

Coucher de soleil



Tombée du jour au port de la Rapée.

El cielo tiñe el Sena de un suave color carmesí. Los colores se intensifican, se atenúan, se entremezclan, se difuminan en una dinámica acuarela.


La transición de la luz del día a las luces de la noche. Y es que París, la indómita ciudad de la luz, nunca duerme.

Ah! petit prince, j'ai compris, peu à peu, ainsi, ta petite vie mélancolique. Tu n'avais eu longtemps pour ta distraction que la douceur des couchers du soleil. J'ai appris ce détail nouveau, le quatrième jour au matin, quand tu m'as dit:

- J'aime bien les couchers de soleil. Allons voir un coucher de soleil...

- Mais il faut attendre...

- Attendre quoi?

- Attendre que le soleil se couche.

Tu as eu l'air très surpris d'abord, et puis tu as ri de toi-même. Et tu m'as dit:

- Je me crois toujours chez moi!

En effet. Quand il est midi aux États-Unis, le soleil, tout le monde le sait, se couche sur la France. Il suffirait de pouvoir aller en France en une minute pour assister au coucher de soleil. Malheureusement la France est bien trop éloignée. Mais, sur ta si petite planète, il te suffirait de tirer ta chaise de quelques pas. Et tu regardais le crépuscule chaque fois que tu le désirais...

- Un jour, j'ai vu le soleil se coucher quarante-trois fois!