Esto era un sueño, un primer trabajo y una nueva vida. Una crêpe de chocolate ante una sonrisa azul que escucha una melodía envolvente mientras se pierde románticamente por las calles y entre las páginas de cualquier libro...

jueves, 12 de septiembre de 2013

La nouvelle Seine


Un bar, un restaurante, una péniche, una sala de conciertos, un teatro.  
La nouvelle Seine.
Una obra de teatro singular, "Marx & Jenny", un combinado de teatro autobiográfico-epistolar y "One Man Show" (o, como dice su autora, "One Marx Show"). 

Cuatro personajes y una actriz.

Karl Marx, Friedrich Engels, Jenny von Westphalen y Helene Demuth, esposa y amante de Karl Marx, respectivamente.

Fechas, hechos, lugares, publicaciones, nombres, ideas, aniversarios, un torrente de datos saliendo de boca de su infatigable autora.

Aunque solo sea para disfrutar de una obra de teatro en una butaca mecida por el Sena, ya merece la pena.

Y, como colofón de la velada, al salir y pisar de nuevo tierra firme en el quai de Montebello, encontrarse frente a Nôtre-Dame iluminada y allonger la Seine hasta la estación vélib más cercana en una silenciosa noche de incipiente otoño.




sábado, 7 de septiembre de 2013

Au parc Georges Brassens


Algo genial de París es que cuando piensas que lo conoces todo, siempre hay algo que se te escapa. 



Como este especie de brocante de livres anciens et d'occasion, donde encontrar una de las primeras ediciones de "En attendant Godot" de raídas hojas amarillentas a precio de oro o la obra completa de Chateaubriand enfundada en cuero carmesí.


 

Lejos del afán coleccionista, y más cerca del anhelo literario propiamente dicho, también encontramos mesas repletas de libros de numerosas (y sobre todo míticas) editoriales, en francés, inglés, italiano, alemán o castellano, a precio irrisorio. 
Allí, rebuscando a la vez que acariciando cada tomo, encontramos a Voltaire, a Italo Calvino, a La Fontaine, a Edmond Rostand, Pierre Choderlos de Laclos, Roald Dahl, Tom Sharpe, Borges, Baricco, Balzac, Zola, Kundera, Dumas, Orwell, Flaubert, Virginia Wolf, Salinger, Dostoïevski, Camus, Baudelaire, Cortázar, Montaigne...
... todo un paraíso de arte enarbolando las palabras.





martes, 27 de agosto de 2013

Paris sous les étoiles



L'Observatoire de Paris, el observatorio astronómico más antiguo todavía en funcionamiento, fue diseñado en 1667 durante el reinado de Luis XIV. Su creador, el arquitecto Claude Perrault, era el hermano del conocido escritor de fábulas, Charles Perrault.



En su interior, es posible caminar sobre el meridiano de París, es decir, a exactamente una distancia de  2° 20' 13,82" al este del meridiano de Greenwich. Nunca unas pisadas habían estado tan milimetradas. Fueron los estudios de Jacques Cassini y François Arago quienes lograron determinar el meridiano de Francia, utilizado después para realizar la primera cartografía del país de su época.

Y, en lo alto de su cúpula, un inmenso telescopio. Una reliquia del pasado que lleva varios siglos acercando los hombres a las estrellas.


Revivir un complejo sistema de engranajes de más de cuatrociendo años para girar toda la cúpula y el telescopio en una insaciable y apasionada sed de planetas. Descubrir que se mueven más rápido de lo que a simple vista parece, capturar su imagen nítida entre tu pupila y la lente, admirarlo unos minutos antes de que se vaya de nuevo y pasar el mango del telescopio al siguiente buscador de tesoros celestes.

Son dos los planetas que brillan en el cielo en agosto, Saturno y Venus. Al anochecer, Venus en el oeste y Saturno en el sudoeste.




Una soirée distinta, especial, unas horas privilegiadas en un sencillo apéro (puede que el mejor hasta la fecha) sobre los tejados de la ciudad que nunca duerme, sobre sus luces desafiando el brillo de las estrellas.





domingo, 12 de mayo de 2013

France galicienne



Sol que se alterna con la lluvia. Un firmamento de mil tonos azules en el que acechan las nubes sin tregua. 


Verde alternando con el amarillo luminoso de los campos de colza.
Verde costero que se funde con el mar en un abrazo infinito.




 Del París superpoblado a un Mont Saint-Michel atestado de turistas en sus estrechas callejuelas medievales, donde hasta el más mínimo detalle (un cajero automático, un buzón de correos) está perfectamente camuflado con el ambiente. Calles que se funden en un decorado caballeresco de época. En la cúspide del monte destaca la abadía consagrada al arcángel San Miguel, y desde el interior de sus jardines amurallados se obtiene una espléndida vista de la bahía.

Toda una fortaleza inexpugnable gracias a sus impresionantes mareas de hasta 14,50 metros de altura, las cuales tienen lugar dos veces al día. Antes de la construcción de la carretera actual, el monte Saint-Michel solo era accesible por tierra durante la marea baja y por mar cuando la marea estaba alta.

Del Mont Saint-Michel a Cancale, recorriendo la costa bretona repleta de veleros y barcas de pesca de madera de colores.
Atravesando la Haute Bretagne a lo largo des côtes-D'Armor hacia Dinard, Saint Briac-sur-Mer, Dinan y Saint-MaloCon escala en Vannes, Tex, Pornichet y Rennes.


Desafiando al viento en la Pointe du Grouin, aspirando el aroma a mar y tierra fresca frente a un horizonte indeciso, un cielo mestizo de azul grisáceo indefinido.

Alternando moules et huîtres con barbacoas. Sin olvidar la consistencia de un buen postre de la tierra, el kouign-amann. Aderezando l'après-midi con un poco de mölkky y de palet bréton, agudizando la precisión, pero sobre todo poniendo a prueba la constancia y tenacidad de todo aspirante a bréton que descubre el juego. (La habilidad para colocar los "palets", especie de monedas fabricadas con hierro fundido de unos 120 gramos, sobre una tabla cuadrada de madera de 70 cm, no se adquiere tan fácilemente).

Y por más que nos incomode el acecho de la lluvia, la mayor ventaja de una predición metereológica impredecible reside en aprovechar al máximo los rayos de sol que nacen después (o antes) de una tormenta.







sábado, 4 de mayo de 2013

سلطنة عمان Sultanat d'Oman


Que qué iba a hacer yo a Omán, el Sultanato de Omán, me preguntaba mucha gente. Pues... ¡tantísimas cosas! Tantas que fui, volví y me dejé aún centenares de kilómetros que recorrer.

El motivo detonante del viaje, y no menos importante, era el صباح الخير (salam aleikum), darle un abrazo a Carlos y llevarle una buena reserva de queso francés. El segundo, descubrir un país, una cultura, un estilo de vida completamente diferente.

Reconozco que volé con una pizca de recelo mezclada con suspicacia, fruto de la ignorancia. ¡Cuántas veces creemos conocer algo, y sin embargo, escuchando y mirando de nuevo con otros ojos, la realidad se vuelve completamente diferente!

Algunos prejuicios rebatidos. El primero, la ausencia de fanatismo pese a ser un país islámico conservador. La religión oficial y practicada por el 75% de los habitantes de Omán es el islam ibadí, una rama del jariyismo. Esto lo convierte en el único país musulmán donde la religión mayoritaria no es ni el sunnismo ni el chiísmo, de ahí su carácter pacífico y tolerante. Además, las mujeres gozan de una libertad que puede resultar extraña en un paíárabe: pueden conducir, trabajar, incluso llegan a ocupar altos cargos y la abaya (especie de túnica negra tradicional) no es obligatoria. 

Sin embargo, y por desgracia, Omán sí comparte un denominador común con sus vecinos arábigos: la falta de libertad de sus habitantes. Viviendo en Europa damos por sentado que la libertad individual, de expresión, de gobierno (ésta siempre tan frágil) son inherentes a las personas. Por desgracia, un breve salto al continente vecino basta para constatar la fragilidad de nuestros ideales, incluso de aquellos que considerábamos los más básicos. Pena de muerte, tortura, esclavismo, ausencia de libertad de prensa y de cualquier tipo, todo controlado bajo el reinado absoluto del Sultán. Un Sultán educado en Europa, amante del arte y de la cultura, un Sultán que invierte en su país y le proporciona cierta prosperidad económica, pero que rige bajo mano férrea un parlamento títere y acalla con dureza cualquier descontento, cualquiera llamada de auxilio de sus  problemas sociales de sus habitantes que a pesar del resurgimiento y la estabilidad del país sufren austeridad y unos índices de paro sin mejoría aparente.

Omán aúna tradición y modernismo. Carreteras, autopistas y puentes recién construidos se fusionan con el paisaje rocoso salpicado de palmeras y vetustas embarcaciones de madera. Los edificios nuevos que se construyen mantienen esa comunión con la arquitectura árabe de siempre y la apertura al capitalismo moderno (McDonalds, concesionarios, hoteles...).


La ausencia de turistas, de tiendas de souvenir, de acosadores en búsqueda de favores y riales... La extraña sensación de estar tan lejos y tan cerca, de fusionarse con el paisaje de manera imperceptible. Hombres bebiendo té que levantan la cabeza al vernos de colores en lugar de la blanca disdasha durante un momento, para luego proseguir con su charla como si nada. Solo bastaba que nos deteniésemos a su lado para que, instantáneamente y de forma natural, fuéramos invitados a degustar el té a su lado, como si siempre lo hubiéramos hecho.

Un magnífico dépaysement, lejos de los muros haussmanianos y las terrazas costumbristas inundando las aceras de París. Lejos de la indiferencia de las grandes ciudades europeas. Cerca de delfines, corales, y peces multicolores en los fiordos de Musandam. Cerca de las tortugas verdes y de su progenie corriendo hacia el mar en la playa de Ras Al Jinz. Disfrutando de la abundacia gastronómica local, una mezcla de comida india, pakistaní y, por supuesto, omaní; al mismo tiempo que saboreamos el enésimo lemon mint. En el corazón de un wadi, desafiando la corriente saltando de roca en roca. Esquivando el haram instrínseco a nuestra cultura de occidente. Espiando con sigilo el desove de una tortuga verde bajo la luz de la luna. Caminando con solemnidad y genuina admiración, descalza sobre su enorme alfombra persa cosida a mano, rodeada de elegantes combinaciones de mármol beige, marron, naranja, mahogany, blanco y amarillo, en la Gran Mezquita de Muscat.

Y, como colofón, a falta de la parte sur del país que queda pendiente para una próxima ocasión, y puesto que una imagen vale tanto o más que mil palabras, ilustro cinco magníficas razones para visitar Omán :

1. La mezquita de Muscat

2. Los delfines de la península de Musanda


3. Wadi Shab
 
4. El desove de las tortugas de Ras Al Jinz
5. Las casas de adobe con vistas a un oasis de palmeras en Nizwa



 Sukram, Carlos!
  شكرا


domingo, 7 de abril de 2013

Avoir ou être ?


En su libro Les véritables principes de la grammaire (1769), Dumarsais nos descubría, hace ya casi tres siglos, un error hoy en día cada vez pronunciado con mayor frecuencia. Así dice:

"En el ejemplo tengo un reloj, tengo debe entenderse en su sentido propio, pero si afirmo tengo una idea, tengo sólo se dice de manera imitativa. Es una expresión prestada. Tengo una idea significa pienso, concibo algo de esa manera o de esta otra. Tengo ganas significa deseo, etc".

Erich Fromm, en su obra Ser o tener, retoma esta idea de la siguiente manera:

"Al decir 'tengo una preocupación', en vez de 'me siento preocupado', se elimina la experiencia subjetiva: el yo de la experiencia se ve reemplazado por la posesión. Transformo mi entimiento en algo que poseo: la preocupación; pero 'preocuparse' es una expresión abstracta que se aplica a todo tipo de dificultades. No puedo tener una preocupación, porque no la puedo posser; sin embargo, ésta puede poseerme. Es decir, transformo mi yo en 'una preocupación' y soy poseído por mi creación. Esta manera de hablar revela una alienación oculta, inconsciente. (...)

Si hablo de 'tener insomnio' en vez de decir 'no puedo dormir', revelo mi deseo de eliminar la expericencia de angustia, inquietud, tensión que me impide dormir, y tratar el fenómeno mental como si fuera un síntoma corporal."

Sería lógico pensar que los procesos y las actividades no pueden poseerse, sólo pueden realizarse. Y, sin embargo, en la sociedad actual en la que vivimos parece que tener es una función normal de la vida: para vivir, debemos tener cosas.

La literatura y la filosofía han tratado de sugerirnos esta dualidad engañosa con el fin de despertar nuestra mente adormecida. A principios del s.XIX, se publicaba Fausto. Goetheacervo enemigo de la deshumanización y la mecanización incipiente de su época, crea una descripción dramática del conflicto entre el ser y tener (esto último representado por Mefistófeles). Por otro lado, el pensamiento budista, la última moda occidental para resolver la ecuación de la felicidad, nos dice que, para alcanzar la etapa más elevada del desarrollo humano, no debemos anhelar posesiones. Una idea sin duda descabellada para la sociedad de consumo en la que nos encontramos. 

Como siempre, la clave está en el equilibrio, en la búsqueda de ese específico "punto medio" intrínseco a cada uno de nosotros.
Aunque hay cosas para las que no existe ese "punto medio", y el amor es una de ellas:

"El amor no es algo que se pueda tener, sino un proceso, una actividad interior a la que se está sujeto. Puedo amar, puedo estar enamorado, pero, al amar, no tengo... nada. De hecho, cuanto menos tenga, más puedo amar."


jueves, 28 de marzo de 2013

MH à Madrid


De entre las piedras, la encina y el haya,
de entre un follaje de hueso ligero
surte un acero que no se desmaya:
surte un acero.
Una ciudad dedicada a la brisa,
ante las malas pasiones despiertas
abre sus puertas como una sonrisa:
cierra sus puertas.
Un ansia verde y un odio dorado
arde en el seno de aquellas paredes.
Contra la sombra, la luz ha cerrado
todas sus redes.
Esta ciudad no se aplaca con fuego,
este laurel con rencor no se tala.
Este rosal sin ventura, este espliego
júbilo exhala.
Puerta cerrada, taberna encendida:
nadie encarcela sus libres licores.
Atravesada del hambre y la vida,
sigue en sus flores.
Niños igual que agujeros resecos,
hacen vibrar un calor de ira pura
junto a mujeres que son filos y ecos
hacia una hondura.
Lóbregos hombres, radiantes barrancos
con la amenaza de ser más profundos.
Entre sus dientes serenos y blancos
luchan dos mundos.
Una sonrisa que va esperanzada
desde el principio del alma a la boca,
pinta de rojo feliz tu fachada,
gran ciudad loca.
Esa sonrisa jamás anochece:
y es matutina con tanto heroísmo,
que en las tinieblas azulmente crece
como un abismo.
No han de saltarle lo triste y lo blando:
de labio a labio imponente y seguro
salta una loca guitarra clamando
por su futuro.
Desfallecer... Pero el toro es bastante.
Su corazón, sufrimiento, no agotas.
Y retrocede la luna menguante
de las derrotas.
Sólo te nutre tu vívida esencia.
Duermes al borde del hoyo y la espada.
Eres mi casa, Madrid: mi existencia,
¡qué atravesada!


Miguel Hernández



Doble homenaje a mi segunda casa de Madrid y a un poeta genial, cuya magia de sus versos atraviesa el tiempo y el espacio por siempre jamás.