Esto era un sueño, un primer trabajo y una nueva vida. Una crêpe de chocolate ante una sonrisa azul que escucha una melodía envolvente mientras se pierde románticamente por las calles y entre las páginas de cualquier libro...

martes, 8 de noviembre de 2011

Un an sur Paname


Y así pasó un año. Fue un lunes 8 de noviembre de 2010 con un cielo plomizo el que me acogió en Paname.

Un año y cinco d
ías desde que mi actual jefe me llamó, me preguntó que por qué París, que qué iba a hacer yo en otro país, en una ciudad tan grande e inhóspita donde no conocía a nadie, en una pequeña empresa también desconocida.


Fue una conversación breve pero intensa, mis ganas de ir a París y el interés que había despertado en mí su página web fueron más que suficientes para un acuerdo no tácito y de ese modo la referencia de un vuelo llegó a mi mail a la mañana siguiente.

Todo un sueño y una ilusión el vivir en París, y sobre todo en su centro, entre sus calles combinando lo majestuoso y lo sórdido, en una especie de meta personal alcanzada. La ilusión de vivir en el clásico barrio latino-bohemio-universitario desde siempre anhelado a vivir a unos pasos de la impresionante Opéra Garnier.

Y tanto que he recorrido ya en esta magnífica ciudad, y tanto que me queda por recorrer, tantosquais donde sentarme todavía con otro blanc que degustar, tantos cafés pendientes anotados en mi cuaderno verde, tantos parques a los que volver, teatros alrededor de mi casa, tantas ganas de volver a pisar Nôtre-Dame, a ver París anocheciendo desde lo alto del Pompidou, un muro deje t'aimes que aguarda el je t'aime definitivo, domingos paseando por el Marais y degustando cada vez un té diferente, un concierto de mùsica clásica entre los muros de la Saint Chapelle, una cena en lo alto de Montparnasse entourée de todas las luces de París, el Solidays y el Rock en Seine, tantas ofertas de la fourchette, tantos café con encanto, tantas happy hours, tantas inauguraciones de exposiciones de arte, tantas soirées hasta el alba en Mix, Hideout, Elysée Montmatre, Belleville, La machine du Moulin Rouge, Corcoran's, O'Sullivan, Pont Éphémère o chez quelqu'un, todas esas actividades que parecen surgir de la nada (Journées du Patrimoine, Fêtes des vendanges, Fête de la musique, Journées des cultures étrangères), un aquapark, los clásicos apéro-charcu-fromage, los hammams, tantas exposiciones y conciertos espontáneos agazapados en cada esquina...

Una cosa es bien cierto, después de todo este tiempo, también he descubierto que el propio París y su intrínseca belleza innata constituyen la mejor medicina contra París, contra la nostalgia del pasado, los amigos y el calor de la patria.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

L’automne parisien


El otoño llegó disfrazado de tibio verano, con un sol melancólico a caballo entre septiembre y octubre.

Rojo, granate, dorado, marrón, beis, naranja... de colores básicos pasando por sus infinitas tonalidades se vistió París. Los jardines de Luxemburgo, las Tuileries, los Champs Elysées, las avenidas arboladas, los parquecillos, los square en cada esquina engalanados de cobre y oro viejo.

L'automne rezuma nostalgia en cada soplo del viento, en cada puesta de sol que tiñe de rojo las hojas caídas. Una nostalgia que evoca, que hipnotiza, que atrapa el corazón en un vuelco aunque tú no lo sepas.

Hace un año y varios días estaba al borde de un precipicio en medio del Altlas, mirando al vacío y soñando con vivir en París. Ahora estoy en mi salón, en París, y elevo la vista hasta el techo mientras me estremezco con la voz de Quique González.

Otoño, la mejor estación donde inventar mareas, tripular barcos y encender con besos el mar de tus labios.


martes, 11 de octubre de 2011

La fête des vendanges


Y Montmatre se llenó de pequeñas casetas de toldos blancos decoradas con carteles de luminosos campos florecientes de lavanda y viñedos rebosantes.

La fête des vendanges inundó los alrededores de la basílica del Sacré-Coeur de miércoles a domingo de la semana pasada, con degustaciones de vino, miel, mermeladas, embutido, quesos...

Una fiesta entre amigos donde comprar una botella de rico vino para degustarla entre todos frente a las impresionantes vistas que ofrece dicho emplazamiento, acompañados de la algarabía de un desfile de percusión retumbando a nuestro alrededor, sacudiéndo el ritmo y unas tímidas ganas de bailar en el cuerpo de la gente en un atardecer de domingo gris y hùmedo.

Y para finalizar la serata, un clásico kir pêche en otro nuevo descubrimiento de esos bares que hay en París que te atrapan en su aura de decadencia bohemia aunada con unos precios más que respetables que a menudo brillan por su ausencia. La fourmi, un café en pleno corazón de Pigalle a unos pasos del Moulin Rouge y de Montmatre. A y retourner.

A menudo digo que siempre siempre hay algo que hacer en París. Bueno, creo que resulta obvio que cada semana que pasa mi afirmación se afianza un tout petit peu plus.


sábado, 17 de septiembre de 2011

De l'amour (II)

Amor verdadero versus amor romántico, dos conceptos idénticos y al mismo tiempo contradictorios.

¿Cómo se puede pretender buscar un ideal, una fantasía inalcanzable y perfecta solamente en nuestra mente? ¿Cómo se puede perseguir con ahínco un foco de perenne frustración? No nos engañemos por más tiempo, el amor romántico, tal y como lo conocemos, no es más que un producto del cine Holywoodiense, de la literatura, de la utopía de nuestra cultura occidental.

El intenso enamoramiento, si se descontrola y la otra persona abusa del apropiamiento indebido de la libertad del otro, puede ser muy peligroso. Tenemos que vivir la vida con pasión y con mesura, con los sentimientos a flor de piel pero colocados siempre de forma constructiva.

Óscar Wilde lo definió muy bien cuando decía: "Cuando uno está enamorado, empieza siempre por engañarse a sí mismo y acaba siempre engañando a los demás. Eso es lo que el resto del mundo considera un idilio romántico".

Frente al amor romántico, y no necesariamente menos intenso, está el amor de verdad, ese que perdura para siempre porque vive en la realidad, en el mundo presente y no en un universo fictio. Pues no se puede cuidar y mejorar algo intangible que sólo existe en nuestros sueños.

¿Debemos por tanto renunciar a toda muestra de amor romántico? Nunca. De todos modos, las contradicciones, cuando de amor se trata, están al orden del día; y a veces, e inexorablemente, sucede que el amor, cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.

Sin embargo, se debe siempre intentar trazar una fina pero contundente línea entre el amor presente y las fantasías que el saber popular nos ha inculcado, y no pensar que dos son uno, sino que, por más que se quieran, dos son siempre dos. Pase lo que pase somos entes indivisibles, únicos, libres para decidir en todo momento con quién y cómo estar. Decir que nuestra vida no tiene sentido sin la presencia del otro es encadenar, aprisionar a quién amamos sin ningún derecho. Amor es libertad, y todo principio de fusión con la pareja es renunciar a nuestra libertad personal y, por ende, renunciar al amor verdadero.

Y es que ya lo decía el poeta del pueblo, Miguel Hernández:

"Libre soy, siénteme libre.
Sólo por amor."

Seamos, pues, libres, y disfrutemos de la libertad del amor, contigo y sin ti. Del romanticismo en sincero libre albedrío.



miércoles, 31 de agosto de 2011

Rock en Seine


Aunque el sábado 27 de junio amaneció con lluvia y claros de sol a intervalos, alrededor de las 19.00 se detuvo con Cocorosie para despejar aún màs el cielo con Interpol.

Y, como no cabía esperar de otra manera, Interpol estuvieron magnifiques, con traje y corbata negros sobre una camisa blanca y un juego de luces azules en el escenario; y la amenaza de lluvia cada vez más lejana. El recuerdo en directo de una perla lejana (gracias por descubrirme tantas cosas buenas, Thel). Teloneros de los Artics que hicieron vibrar a todos los presentes durante hora y media bajo un cielo sin estrellas.

Todo para finalizar con The Wombats, en un pequeño escenario en plena foresta del Parque Saint-Cloud (un parque digno de mención que el mal tiempo no nos dejó disfrutar en condiciones) y mucha energía, haciendo partícipe al público de cada canción con algo de francés chapurreado.

Azul, salchichotas, unos hoyuelos venidos del polo norte, el cielo gris brillante, pastis y compota de manzana con pistachos pero sobre todo rock, mucho rock.


viernes, 26 de agosto de 2011

Femme fatale


"Pasión y distancia, azar y destino, dolor y disfrute, ¿cuál es el verdadero rostro del amor? ¿Es posible enamorarse para siempre de alguien que miente, que no quiere ser fiel, que sólo busca su interés?"
Así dice una reseña del último libro del recientemente aclamado premio Nobel Mario Vargas Llosa, "Travesuras de una niña mala"; donde se muestra el amor romántico como la peor de las drogas, un amor ciego que conduce al abismo, a la continua desazón de incontables noches en vela o la inseguridad del futuro desde un inestable presente.

La niña mala y el niño bueno. Como también podía haber sido el niño malo y la niña buena, pues cuando se trata de amor el principio es perfectamente reversible.

¿Por qué somos capaces de amar tan intensanmente, aún cuando somos plenamente conscientes de que ese amor nos hace sufrir? Supongo que de la misma manera que somos capaces de esfrozarnos y sacrificarnos por cada sueño en el que creemos, ya sea enfocado a un deporte, un trabajo, la familia... Y aunque al final, sea el caso que sea, acabemos escaldados de la experiencia, creo que toda ilusión sincera acaba siempre bien, pues la vida es justa en el fondo, sobre todo si confiamos en que el Karma haga bien su trabajo.

Gracias a mi querido
soţ por tan enriquecedora lectura, pues además de contener aspectos relacionados con la historia del Perú, de París, Londres y Tokio de mediados-finales del siglo pasado, de mencionar bares y lugares todavía por descubrir en esta magnífica ciudad; entre sus páginas el lector descubrirá que la niña mala es en el fondo una niña pequeña, tierna, insegura, que, aunque caprichosa, no sabe realmente lo que quiere; y el niño bueno no es tan calzonazos como parece y posee una rabia innata y clarividencia que dotan a su amor de una sinceridad aplastante.